Talleres

Taller de Constelaciones Familiares

Un taller de Constelaciones Familiares es un taller de descubrimiento y liberación, que permite entender y liberar los patrones de la vida que nos hacen sufrir, descubrir y liberar lo que limita nuestra realización.

Para más Información de los Talleres que se imparten, Visita Facebook en la zona de eventos, ahí encontrara mas detalles.

Las Constelaciones Familiares creadas por Bert Hellinger permiten descubrir las ataduras del pasado familiar que cada uno expresa involuntariamente a través de sus sentimientos, deseos, comportamientos, reacciones y enfermedades.
Estos vínculos invisibles de amor que generan nuestra vida y que cada uno metaboliza a su modo en su vida cotidiana en forma de una limitación o de un malestar crónico se transforman en nuevas fuerzas al servicio de la vida. 
Estamos hechos para tomar la vida, tal y como viene, con gratitud. Pero nos retienen unas necesidades inconscientes de compensar las desgracias y culpas no asumidas anteriores a nosotros, fidelidades inconscientes que limitan nuestras capacidades y nuestras metas, nos llenan de culpabilidad, nos hacen creer en soluciones mágicas.
Pues estamos atados a los ancestros olvidados y mientras permanezcan olvidados, no seremos capaces de sacar el máximo provecho de nuestra vida. 
Y también nos queda aceptar y agradecer aquello.
Heredamos los dones, aptitudes, dificultades y enfermedades de nuestros antepasados. 
Aunque estemos a mil kilómetros, aunque no conozcamos a nuestros padres biológicos, aunque no nos guste, somos el fruto de nuestra familia. Estamos hechos con las células de todo nuestro sistema familiar biológico. 

«A veces tenemos la idea de que somos independientes y libres y de que somos capaces de decidir independientemente sobre nuestro destino. A través de este trabajo de las Constelaciones Familiares podemos ver cómo estamos intrincados en la vida de los demás, y de todo el mundo. Porque lo que ya no está sólo está aparentemente pasado: vive dentro de nosotros. Los conocimientos que manejamos los hemos aprendido a través de su dolor; lo que ellos aprendieron y nos legaron, ya no tenemos que esforzarnos por conquistarlo: el precio ha sido pagado. Tenemos vagas ideas acerca del futuro, pero debemos reconocer que hubo algo antes que nosotros y habrá algo después. Había ya algo nuestro antes de que naciéramos, y habrá quedado algo nuestro cuando hayamos partido.»

Bert Hellinger, marzo 2007, Barcelona 

Sabemos ahora que cuando alguien ha vivido algo dramático o injusto, uno más joven, sin saberlo, está vinculado con este sufrimiento por el «Campo morfogenético» de la familia para que con su vida compense la desgracia. 
Para ello, el Campo repite la situación pasada una y otra vez, con la necesidad de que un descendiente tenga la fuerza adulta para darse cuenta. La persona atrapada, probablemente desde su concepción, por ese vínculo, sigue en la primera etapa de su vida una fidelidad ciega, inconsciente e infantil a aquel antepasado, con la que promete imitarla (ser tan desgraciada o tan agresiva como él) o actuar por el (expiar, vengar,…). 
Hasta que por su crecimiento sea capaz de ver lo que no le pertenece y renunciar a la promesa inconsciente. 
«Es más fácil sufrir que cambiar» 
Ejemplos de fidelidades o deudas invisibles: 

  • La adicción al tabaco, alcohol, drogas suele ser una fidelidad a un hombre despreciado por una mujer. 
  • Tras un crimen no asumido la energía buena se retira del clan familiar, y varias generaciones lo pagarán con fracasos, accidentes, enfermedades. 
  • Cuando se olvida de alguien, de los muertos, de los que dan vergüenza, alguien los reemplaza, viviendo lo mismo que vivieron los olvidados. 

Proceso después de tomar los talleres

Después de hacer un taller sobre un tema concreto uno espera unas semanas. Se debe dejar que los procesos se pongan en marcha, a un nivel muy profundo y muy sutil, de modo que la persona se de cuenta que se le están abriendo nueva puertas interiores, que dependencias más profundas están asomándose. Y cuanto más profundo el cambio, más tiempo cuesta ver el resultado. En efecto, adelantarse puede interferir y anular la terapia.  Por lo tanto se suele dejar una media de dos meses entre cada constelación. Durante los dos días posteriores a su constelación descanse, mímese, proteja su intimidad, su silencio, rodéese de apoyo y comprensión. En los diez días que siguen una constelación no es deseable una psicoterapia, pero sí cualquier tipo de terapia manual o energética.

¿Cuánto tiempo necesito para obtener Resultados?



En cuanto a los «resultados», muy pronto sentirá una nueva energía, pero las transformaciones profundas requieren tiempo.
Rápidamente observará pequeños cambios en su comportamiento y en el de los que le rodean… pequeños y sorprendentes… 
Sembrar, esperar a que la semilla germine y se pueda observar un nuevo tallo, esto en la vida de un hombre requiere tiempo, paciencia y trabajo; distintas tradiciones hablan de dos años… 
Observe su vida un año – quizá dos – después de cada constelación, mire hacia atrás y contemple su evolución con respecto al tema tratado. 
Un consejo: no desperdicie, por impaciente, la energía que va a empezar a tener en decisiones precoces y voluntarias. Paciencia, dejarse fluir y comprometerse con nuestra vida… y sentirá que estará embargado por una nueva energía que le llevará a nuevas decisiones, evidentes, ligeras y radicales, a más paz y más realización. 

Consejos: Cómo hacer después de una Constelaciones Familiares según Bert Hellinger

«Las Constelaciones actúan, cuando uno las deja exactamente de la manera en que las vio. Es una imagen espacial y atemporal, de las profundidades y tiene su fuerza cuando uno lo deja tal cual. Cualquier discusión sobre su contenido destruye la imagen. 

Lo mismo se aplica cuando uno acaba de trabajar, alguno del grupo se le acerca después a preguntarle: ¿cómo te ha ido?, ¿qué harás ahora? Lo que están haciendo es picotear su alma. Es fatal, invadir de esta manera el alma de otra persona como si tuviéramos el derecho de hacerlo. Ninguna persona tiene el derecho de hacerlo. Tampoco sirve intentar consolarlo. La persona es fuerte. Quien intenta consolar, es débil. Este es en realidad quien no soporta el dolor del otro. Porque en el fondo no quiere consolar al otro, sino que utiliza al otro para consolarse a si mismo. 

No hay que interferir. Y eso es válido para todo este trabajo. 

La persona misma tampoco debe actuar inmediatamente. Así no funciona. La imagen tiene que descansar en su alma. A veces durante mucho tiempo, quizás medio año o más. Y uno no hace nada para cambiar. Las imágenes ya actúan, simplemente estando. Y al cabo de un tiempo en el alma se reúne la fuerza necesaria para hacer lo correcto. Aquello que es correcto y bueno será diferente de lo que uno ahora acaba de ver. El alma de la persona sabe mucho más todavía y al final uno sigue a su propia alma y así tiene la plena fuerza. 

Por tanto no sigue ni al terapeuta ni tampoco a esta imagen. Uno sigue a su alma. Pero esta imagen ha impulsado algo en su alma que posteriormente hace posible el actuar. 

Así hay que manejar estas imágenes.»

Bert Hellinger